Entrevista publicada en Revista Mia
Entusiasmada, a su cuerpo le invadía ese cosquilleo efervescente que llega cuando estás apunto de hacer algo que habías esperado desde hace mucho. Ya se imaginada con un maquillaje impecable, atrevido o tierno, eso sí muy femenino. Su cabello con rizos o un estilo muy a la moda. Idealizó todo lo que no ocurrió. Muy al contrario tuvo que verse vestida de hombre. “¡Qué!, casi me muero, creo que quedé un poco triste, exclamó Bettina García Muller.
Para fortuna de lo estipulado para esta portada, Bettina nunca dice que no, y siempre procura poner su mejor rostro. “Era cuestión de disfrutarlo”, suspiró un poco más relajada. Luego de que todo parecía estar encaminado, surge otro dilema.
Yo vestida de hombre, ok, pero hay un inconveniente: no me recojo el cabello, tengo un problema con mis orejas, aclara la presentadora de televisión.
Sorry, hay que recogértelo, le respondieron en tono calmado los involucrados en la producción.
No, eso no es imposible, refutó la chica.
Lo que único que se me ocurre es que te peguemos las orejas con “Krazy glue”, aportó creativamente alguien.
Otra vez casi le da un patatús a Bettina. Entre puja y repuja se logró convencer a la dama para que accediera a dejarse pegar las orejas con la goma de secado rápido. Ya se le había olvidado por completo la desilusión por lucir ese look poco femenino. Las dos horas que duró la sesión fotográfica las disfrutó; eso sí, en el fondo estaba estresada por el momento en que tendrían que despegarle el pabellón. Imaginaba que se le desgarraría la piel.
—¿Una de las presentadoras de un programa tan osado como La Cáscara da muestras de cobardía?
—Soy súper cobarde. No para hacer locuras. Soy súper cobarde para el dolor. Eso de pensar en que me tienen que operar algo, qué va. El día que yo tenga hijos que me duerman completa. Yo creo que cuando uno se hace más viejo uno se pone más flojo.
Bettina lleva 5 años viviendo en Panamá y al poco tiempo de estar aquí empezó a trabajar en La Cáscara. Su espontaneidad y carisma se robaron el corazón de los panameños, quienes casi no se acuerdan que nació en Venezuela. Es más, sus coterráneos no le creen que ella sí es venezolana.
—¿Cómo has hecho para perder tu acento venezolano?
—La verdad creo que nunca tuve ese acento venezolano. Creo que en algún momento lo debí tener, pero no creo que haya sido tan marcado como muchos venezolanos que yo oigo hablar. Yo los oigo y digo: ¡wao qué acento tiene el venezolano!. Y cuando yo llegué aquí me dijeron que para que pudiera salir en La Cáscara tenía que perder un poco ese acento venezolano y hablar lo más panameño posible.
—¿Cómo te ha ido con las expresiones panameñas?
—De hecho tengo problemas con las expresiones panameñas porque, por ejemplo, la palabra que empieza con “chu”, yo no crecí creyendo que eso era una mala palabra. Como en Venezuela la palabra coño es una mala palabra y yo no la decía porque mi papá me pegaba. Para mí “chu” no es una grosería. Yo la digo así como si fuera tan natural. Igual la palabra que empieza con “v”, sabes en Venezuela es mala palabra pero no tan mala como aquí, o sea uno lo dice allá como una expresión, acá es súper feo. Pero me encantan las expresiones panameñas, mi favorita es “ahuevado”, esa palabra me fascina.
Esta venezolana no solo ama a Panamá, también ama a los panameños. Como para ratificar ese enunciado hasta se casó con uno. Aún se encuentra en el proceso de adaptarse a la vida matrimonial, pues siempre ha estado muy apegada a su familia.
—El día de la boda nos quedamos dormir en casa de mis papás. La segunda noche después de la boda como estábamos tan cansados cada uno se acostó en un sofá. La tercera noche mi mamá dizque: ya se van de la casa, se tienen que ir a su casa, ustedes se acaban de casar. Yo me puse a llorar. No me quería ir de mi casa. Yo decía: no, todavía no me siento preparada. No me quería ir de casa de mis papás. Mi mamá se burló de mí para siempre, rememoró.
—¿Ya hay planes de hijos?
—Todavía. Yo digo que empezaré a buscar dentro de un año, porque ahora disfruto mucho mi trabajo. Siento que estoy en el momento para dedicarme a mí full. El día que yo tengo un hijo le voy a dar el 100%. Yo seguiré trabajando en alguna otra cosa, ojalá que pueda ser así. Quiero educar a mis hijos, criarlos, llevarlos a la escuela, bañarlos, vestirlos, hacerles todo.
—¿Entonces cuando tengas hijos dejarás La Cáscara?, siempre has dicho que amas tu trabajo ahí.
—¡No, no creo!. Yo amo La Cáscara, pero La Cáscara es como hasta cierta etapa de mi vida. No me veo con hijos y tal por ahí saltando. A lo mejor haciendo Totalmente Falso, que es como más tranquilo. Me encantaría continuar en televisión, en algo que no me ocupe todo el día.
Que cómo le terminó de ir con las orejas: “Al final fue una ahuevazón”, dijo entre risas.
Aquí me expreso. Hay una muestra de parte de mi trabajo como periodista y también algunas columnas de opinión. Me gusta escribir sobre temas que aporten a la comunidad a la que pertenezco.
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jueves, 11 de abril de 2013
La tipiquera 'glam'
Entrevista publicada en Revista Mia
La “Patrona de la Cumbia” es una fémina actual. Con estilo propio e imponente. Eso sí, pese a los cambios es incapaz de abandonar su esencia interiorana.
Nunca se ha avergonzado de donde vino, de lo que pasó, ni mucho menos de lo que es hoy. Incluso a Sandra Sandoval no le incomoda cuando muestran aquellos videos que exponen sus inicios como cantante; aunque en ellos se refleje un look no tan estilizado como el que luce en estos momentos de su carrera.
La intérprete de “Gallina fina” afirma que al rememorar el comienzo de su vida como tipiquera junto a su hermano Samy Sandoval, la embarga un sentimiento de orgullo. Aquellas imágenes que a muchos le causan gracia a ella le evocan los sacrificios que tuvieron que hacer para llegar al éxito que los acaricia en la actualidad.
Pero es que Sandra, en medio de su lucha por sobre salir en lo autóctono, apostaba por una propuesta distinta. La vocalista de Los Patrones de la Cumbia nunca se relegó a ser una cantalante más y lo logró gracias a su personalidad, ritmo al bailar y sus atrevidos vestidos.
A Sandra le gusta ser ella, sentirse ella y parecerse a ella. Esto lo dejó bien claro cuando le hicieron la propuesta para esta portada de Mia. La idea de mostrar a una Sandra Sandoval con un look distinto la inquietaba.
Cuando llegó al estudio del fotógrafo Darío Moreno lo primero que hizo fue ver la ropa que le pondrían.
— Ve, yo no me parezco a ninguno de los trajes que hay ahí, exclamó Sandra con su acento monagrillero.
— Pero si esa es la idea, presentarte con lo que nadie te ha visto, argumentó uno de los stylist que la acompañaba.
— Es que quiero que apenas que la gente vea la revista sepa que esa soy yo, reclamó la artista.
Con algo de temor, Sandra se acomodó para que el maquillista la empezara a arreglar. En medio de los brochazos, esta dama reafirmaba que a ella nunca le nacería ponerse algo como lo visto. Lo formal no es lo suyo. Entre risas recordó cuando buscaba ropa para el bautizo de su hijo Luis Esteban. Ella estaba consciente que su estilo no concuerda con la seriedad de una capilla, mas en esa ocasión tuvo que sacrificarse.
— ¿A diario cómo te vistes?
— Ando en ropa deportiva. Es que yo me la paso en el gimnasio, sostuvo en tono defensivo.
Aunque pertenece al grupo de personalidades que ha resaltado a Monagrillo como cuna celebridades panameñas, Sandra se ha convertido en una mujer citadina, para ser más específicos es una mujer de malls y gyms , pues ahí pasa gran parte del tiempo cuando no están en las tarimas.
Mientras le hacían un maquillaje muy sobrio, la tipiquera admitió que con frecuencia va a los centros comerciales en familia. A diferencia de ella, sus hijos están creciendo en un ambiente urbano, poco van al interior.
En un sillón, mirando todo el alboroto por las fotos, se encontraba Gustavo Flores, el padre de sus hijos. Él esperaba ver el cambio radical de su pareja, quería observarla con los trajes que ella nunca luciría.
— ¿Tavo no se despega de ti?.
— No que va, siempre ahí. Oye Tavo le estoy diciendo que siempre salimos (risas) pero no le dije a dónde (carcajadas).
El éxito no es solo dinero
Sandra no solo se forjó una carrera artística. Ahí, con un maquillaje sobrio, estaba sentada no solo una tipiquera, sino una abogada, hacendada y empresaria.
— ¿Cómo harías con la ropa si te tocara hacer el rol de abogada?
— Bueno, yo me llevo bien con los blazer. Hasta los he usado, aseguró la letrada.
La venta de madera, el manejo de su sello disquero y las otras actividades empresariales son asuntos que trata con su inseparable hermano Samy Sandoval, quien según cuenta es el bueno para los números.
— Tienen una carrera muy exitosa...¿Cuál crees que fue el mayor impulso para lograr todo esto?
— La constancia que nuestro padre nos inculcó. Todo los días nos metía en la cabeza: vamos pa'lante, vamos pa'lante, no hay que creer en los fracasos, sin titubear aseveró la cantante, que en ese momento parecía escuchar lo que su progenitor les aconsejaba.
Cuando estaba casi lista para ser capturada por el lente de Darío, Sandra confesó que pese a todas las presentaciones que pueden tener en lugares exclusivos, ella nunca abandonaría los sitios remotos.
— Te he visto llegar con los pies llenos de barro a las tarimas...
— ¡Ay sí!, pero si me dieran a escoger yo me quedo con los pueblos, porque ahí es donde está la esencia.
Este ícono de la música típica panameña se caracteriza por su estilo campechano al hablar, porque cuando se sube al entablado hace al público parte de su show. Lo cierto es que ni todos los cumplidos de sus fanes reemplazarían los abrazos de sus dos hijos -Luis Esteban y Kamila- a quienes protege como una leona, al punto que en su casa hay más cámaras que en un banco.
La “Patrona de la Cumbia” es una fémina actual. Con estilo propio e imponente. Eso sí, pese a los cambios es incapaz de abandonar su esencia interiorana.
Nunca se ha avergonzado de donde vino, de lo que pasó, ni mucho menos de lo que es hoy. Incluso a Sandra Sandoval no le incomoda cuando muestran aquellos videos que exponen sus inicios como cantante; aunque en ellos se refleje un look no tan estilizado como el que luce en estos momentos de su carrera.
La intérprete de “Gallina fina” afirma que al rememorar el comienzo de su vida como tipiquera junto a su hermano Samy Sandoval, la embarga un sentimiento de orgullo. Aquellas imágenes que a muchos le causan gracia a ella le evocan los sacrificios que tuvieron que hacer para llegar al éxito que los acaricia en la actualidad.
Pero es que Sandra, en medio de su lucha por sobre salir en lo autóctono, apostaba por una propuesta distinta. La vocalista de Los Patrones de la Cumbia nunca se relegó a ser una cantalante más y lo logró gracias a su personalidad, ritmo al bailar y sus atrevidos vestidos.
A Sandra le gusta ser ella, sentirse ella y parecerse a ella. Esto lo dejó bien claro cuando le hicieron la propuesta para esta portada de Mia. La idea de mostrar a una Sandra Sandoval con un look distinto la inquietaba.
Cuando llegó al estudio del fotógrafo Darío Moreno lo primero que hizo fue ver la ropa que le pondrían.
— Ve, yo no me parezco a ninguno de los trajes que hay ahí, exclamó Sandra con su acento monagrillero.
— Pero si esa es la idea, presentarte con lo que nadie te ha visto, argumentó uno de los stylist que la acompañaba.
— Es que quiero que apenas que la gente vea la revista sepa que esa soy yo, reclamó la artista.
Con algo de temor, Sandra se acomodó para que el maquillista la empezara a arreglar. En medio de los brochazos, esta dama reafirmaba que a ella nunca le nacería ponerse algo como lo visto. Lo formal no es lo suyo. Entre risas recordó cuando buscaba ropa para el bautizo de su hijo Luis Esteban. Ella estaba consciente que su estilo no concuerda con la seriedad de una capilla, mas en esa ocasión tuvo que sacrificarse.
— ¿A diario cómo te vistes?
— Ando en ropa deportiva. Es que yo me la paso en el gimnasio, sostuvo en tono defensivo.
Aunque pertenece al grupo de personalidades que ha resaltado a Monagrillo como cuna celebridades panameñas, Sandra se ha convertido en una mujer citadina, para ser más específicos es una mujer de malls y gyms , pues ahí pasa gran parte del tiempo cuando no están en las tarimas.
Mientras le hacían un maquillaje muy sobrio, la tipiquera admitió que con frecuencia va a los centros comerciales en familia. A diferencia de ella, sus hijos están creciendo en un ambiente urbano, poco van al interior.
En un sillón, mirando todo el alboroto por las fotos, se encontraba Gustavo Flores, el padre de sus hijos. Él esperaba ver el cambio radical de su pareja, quería observarla con los trajes que ella nunca luciría.
— ¿Tavo no se despega de ti?.
— No que va, siempre ahí. Oye Tavo le estoy diciendo que siempre salimos (risas) pero no le dije a dónde (carcajadas).
El éxito no es solo dinero
Sandra no solo se forjó una carrera artística. Ahí, con un maquillaje sobrio, estaba sentada no solo una tipiquera, sino una abogada, hacendada y empresaria.
— ¿Cómo harías con la ropa si te tocara hacer el rol de abogada?
— Bueno, yo me llevo bien con los blazer. Hasta los he usado, aseguró la letrada.
La venta de madera, el manejo de su sello disquero y las otras actividades empresariales son asuntos que trata con su inseparable hermano Samy Sandoval, quien según cuenta es el bueno para los números.
— Tienen una carrera muy exitosa...¿Cuál crees que fue el mayor impulso para lograr todo esto?
— La constancia que nuestro padre nos inculcó. Todo los días nos metía en la cabeza: vamos pa'lante, vamos pa'lante, no hay que creer en los fracasos, sin titubear aseveró la cantante, que en ese momento parecía escuchar lo que su progenitor les aconsejaba.
Cuando estaba casi lista para ser capturada por el lente de Darío, Sandra confesó que pese a todas las presentaciones que pueden tener en lugares exclusivos, ella nunca abandonaría los sitios remotos.
— Te he visto llegar con los pies llenos de barro a las tarimas...
— ¡Ay sí!, pero si me dieran a escoger yo me quedo con los pueblos, porque ahí es donde está la esencia.
Este ícono de la música típica panameña se caracteriza por su estilo campechano al hablar, porque cuando se sube al entablado hace al público parte de su show. Lo cierto es que ni todos los cumplidos de sus fanes reemplazarían los abrazos de sus dos hijos -Luis Esteban y Kamila- a quienes protege como una leona, al punto que en su casa hay más cámaras que en un banco.
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