lunes, 17 de febrero de 2025

Tres Hermanas de Benito

Mi abuelo Benito es oriundo de la comunidad de Tres Hermanas de Capira. Crecí escuchando ese nombre, junto con otros como La Bonga y Las Petras, pueblos donde se tejieron la niñez y juventud de mis abuelos.

En mi mente, los he recreado de manera pintoresca, imaginando a Benito y a Aurora, mi abuela, corriendo de niños, bañándose en los ríos, huyendo de las vacas. También he intentado dibujar en mi imaginación cómo fue su nacimiento, sin servicios médicos, en chozas; cómo crecieron, a qué jugaban, cómo vestían.

Pasaron casi 40 años hasta que pude ponerle elementos reales a mis recuerdos, sobre todo los ríos, que siguen corriendo como testigos fieles de las historias de muchas familias, no solo de los Chirú y los Sotos. En su rumor se han contado memorias de enamorados, de madres lavanderas, de cocineras, de pescadores, de muchachos traviesos que han jugado en sus aguas por décadas.

Fue durante el Carnaval pasado cuando pisé Tres Hermanas por primera vez y pude dejar en esas aguas mi propia historia, el sonido de mi voz, mis miedos e ilusiones. El río de mis ancestros ya conoce el sabor de mi piel. El sitio principal del pueblo está en una bajada, cerca del río Teriá. Me recibió un llano donde se encuentran la iglesia católica, un árbol de almendras, unas bancas de madera y, en una esquina, una tienda.

En ese instante tuve una epifanía: imaginé al Bibliobús de la Biblioteca Nacional estacionado allí, cerca del almendro, con niños y jóvenes disfrutando de las actividades de incentivo a la lectura que lleva a cada comunidad que visita. No podía sacar esa imagen de mi cabeza. Llegué a mencionarla a otros, pero no causó mayor inquietud; parecía que solo yo lo visualizaba.

Casi un año después, me integraron a la organización de la Caravana de Lectura 2025, una actividad de incentivo a la lectura que se realiza cada verano en una comunidad rural. De inmediato, propuse Tres Hermanas de Capira. Fue un reto porque, más allá de saber que era el pueblo de mi difunto abuelo y que allí viven algunos de sus familiares, no tenía un vínculo estrecho con el lugar. Aun así, hice las gestiones.

Este poblado está a poco más de dos horas de la Ciudad de Panamá, a través de un recorrido rodeado de naturaleza y carreteras empinadas. Esas elevaciones pusieron en duda la posibilidad de que el Bibliobús pudiera llegar. Mismos terrenos que recorrieron mis abuelos en medio de lodo, unas veces a pie y otras a caballo.

Tras varias conversaciones con los moradores, se acordaron los detalles logísticos, y la madrugada del 15 de febrero, la Caravana de Lectura partió rumbo a Tres Hermanas, con todo y el Bibliobús. Su chofer no se dejó amedrentar por las dificultades del camino.

La imagen que había soñado aquel verano se hizo realidad gracias a la Asociación Panameña de Lectura (APALEC), Delta Kappa Gamma Capítulo Alpha y la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R. Las profesionales de estas instituciones llevaron una serie de talleres para niños, jóvenes y adultos. Desde los más pequeños hasta los de mayor edad participaron en dinámicas de promoción literaria y de fortalecimiento de valores familiares.

Los niños, además, tuvieron el privilegio de recibir un taller del escritor Leadimiro González, un colaborador constante de la Caravana en sus distintas ediciones.

Hubo muchas risas y carcajadas, especialmente de los adultos, quienes mostraron su agradecimiento por el conocimiento compartido y pidieron que esta no fuera la última vez.

Tres Hermanas, esa comunidad legendaria para mí, demostró que las montañas, la distancia, la falta de fluido eléctrico o de baños higiénicos no merman su deseo de darle a sus hijos un mejor futuro, con acceso digno a la educación, como lo vivido esa mañana.

Vuelvo a pensar en Benito, quien solo pudo cursar algunos grados de primaria, hasta donde le fue posible. Aun así, lo poco que recibió de educación formal le sirvió para destacarse en matemáticas. Siempre fue un genio con las cuentas mentales, una de las muchas habilidades que admiraba de él.

Hoy, la escuela de Tres Hermanas tiene hasta noveno grado y cuenta con un Club de Padres de Familia activo y comprometido. Parece que dentro de poco llegará la electricidad, pero mientras tanto, sigue habiendo una deuda con ellos. Una deuda que expresan claramente cuando piden: “No nos olviden.”

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